Represión

Soy de una generación donde la represión aplicó sus garras. Vi morir las ideologías con disparos en la cabeza de muchos de los de mi generación. 
Esas eran las modas, aquellos eran los tiempos. Sabíamos que venían por nosotros, vinieron por nosotros, se llevaron a algunos, otros supimos que la resistencia no era armada, que el vaciamiento era mucho mas profundo, no venían solamente por la tierra, el ganado, el agua o los cereales, 
venían por nosotros, venían por el hombre. Todo hombre que pensara y sintiera era presa de la represión. Todo hombre que quisiera evolucionar y conocer libremente era presa de la represión. Todo aquel que se juntara con otros para otra cosa que no fuese su tarea específica era presa de la represión.

Muchos años han pasado y la represión se ha aggiornado. El poder sigue ejerciéndose sobre el hombre para convertirlo en una masa sin sentimientos ni conocimiento, para disociarlo y manipularlo, para convertirlo en un consumidor pasivo. Las instituciones, todas, colaboran en este vaciamiento.
Nos quitan el tiempo, el silencio, la curiosidad y la armonía. Permitimos pasivamente que nos quiten el tiempo, el silencio, la reflexión, la curiosidad, la armonía.

En algún momento creí que por ser latinoamericana, por haber caído en latinoamérica por la fuerza de esa inmigración que ahora es estigmatizada, estaba condenada a ser ciudadana de segunda en el mundo. Hoy veo que en cada continente, en cada país, en cada ciudad, en cada barrio hay ciudadanos de primera de segunda de tercera y más. También veo ciudadanos que no son ciudadanos sino deshechos de un sistema generado por el hombre y que tritura hombres. 
El mundo está sembrado de deshechos humanos: jóvenes adictos sin remedio, seres expulsados de sus territorios, seres autoexpulsados de sus territorios que deambulan en busca de una quimera, 

Vuelvo a elevar un requiem aeternam hominis

Ana López Acosta

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